miércoles 1 de febrero de 2012

Cuando el dolor se hace sonido: "127 horas"

La trepidante aventura de un montañero inmóvil por caerle una roca encima del brazo está exquisitamente dirigida por Daniel Boyle, que es muy amigo del sonido y, por qué no decirlo, de lo "gore" con toque épico. También es reseñable la increíble interpretación de James Franco, que nos logra conmover desde el minuto uno hasta el final. Para mí ha sido un descubrimiento y la constatación de que es mucho más que una cara bonita de yerno perfecto.

Lo que casi todo el mundo sabe a estas alturas es que el argumento es el de un joven aventurero que le gusta practicar deportes extremos y que acaba atrapado en un cañón por una roca que aprisiona su brazo. Debe terminar cortando su miembro para poder sobrevivir, y mientras tanto pasan esas 127 horas de angustia y desazón en las que no se sabe quién tiene más sed, dolor y claustrofobia, él o tú.

En cuanto al sonido se refiere, que es lo que nos importa, Sigur Ros es quien se encarga de poner la nota dramática en los momentos de clímax, y en general, Boyle nos tiene bien acostumbrados con sus temas musicales "modernitos" que casan con cualquier escena y amenizan los tremendos momentos del joven y los nuestros.

El sonido es especialmente terrible en el momento clave de la película, cuando presenciamos la amputación del brazo en directo, ya que aunque uno se tape los ojos -es difícil de soportar-, el crujir del hueso y los ruidos en torno a este momento, se hacen presencia con una nitidez pasmosa.

Recomendable para personas con ganas de sentir emociones fuertes.