martes 31 de enero de 2012

"Melancolía" de Lars von Trier: una obra de arte

Aunque ya hace unos meses que se estrenó esta película, la he visto ayer partiendo de una serie de premisas inevitables: sabía que era buena, debido a todos los premios que ha recibido, y también era consciente de cuál era el argumento, repetido hasta la saciedad.

Es una película que no deja indiferente, al igual que su autor. Pasional, extrema, inquietante, sufriente, son unos cuantos adjetivos que le podrían ir a este film, pero no harían más que confirmar que es una película que contiene los mismos ingredientes que las anteriores. En este caso podemos añadir otros diferentes: magnánima, terrorífica, romántica, bella.

Lo más importante del cine de Von Trier es que nunca deja de sorprender y en esta película lo vuelve a conseguir. Juega con el espectador de manera perversa y nos seduce a través de personajes complejos, que en una primera visión podrían parecer normales, pero que presentan un nivel de tortura rayano en el desquicio mental. Y empieza el sufrimiento. Es demasiado tarde para retrocer. Ya nos hemos implicado hasta el cuello y nos sentimos tan cercanos a esos personajes sufrientes que parece que todo lo que acontece nos está ocurriendo en primera persona.

La introducción de "Melancolía" es extensa, pero es de la única forma en la que Von Trier puede presentar adecuadamente sus personajes para luego enfrentarlos en la segunda parte a una situación límite de todo punto. Una vez más, hemos caído en su trampa mortal, y odiamos a este director que juega con nuestros sentimientos y que lleva al límite cada situación dramática. Cuando hemos sido zarandeados como muñecos padeciendo la amargura y los sinsabores de cada personaje, acaba la agonía de golpe y volvemos bruscamente a la realidad dejando escapar un profundo suspiro.

De lo que no cabe duda es de que nos ha hecho vivir una intensa experiencia que hemos sentido como propia. Esa sensación es impagable, y no hay nadie como él para ofrecer tan excelso grado de cine.

El sonido de la película es sublime: funciona como un personaje más para adentrarnos en los intersticios de la historia. Asistimos al hecho de que grandes profesionales del sonido consigan una elevada calidad de éste, hasta el punto de que podemos oír cada detalle del movimiento o las respiraciones de los actores, por muy irrelevantes que parezcan; se diría que nos quieren transmitir hasta los ruidos que otro director suprimiría en aras de lo estético y agradable. Casi podemos escuchar cómo hacen la digestión. Y estos momentos sonoros nos sumergen aún más en la verdad de los personajes.

Nunca oíriamos en la vida real unas pisadas por la hierba de manera tan nítida, ni escucharíamos el roce de un vestido o el trago de saliva con tanta precisión, pero los sonidos cobran más vida y se enfatizan de tal forma que, paradójicamente, nos parece que se rompe la cuarta pared y formamos parte de la pantalla.

Por lo tanto, recomiendo ir a ver esta película para gozar no solo del sentido del oído sino de todos los demás. Si eres un poco hipersensible, no vayas a verla o,... ¡qué carajo, disfrútala mucho más que el resto! :)